Lógicamente resulta algo absurdo intentar pretender que un jugador de poker sea siempre honrado. El poker es un deporte que incluye en su propio mecanismo de juego el mentir a los oponentes. Así pues, intentar que los jugadores sean honrados es, como poco, un acto inútil. Pero, ¿porqué tantos jugadores gastan dinero al final de una mano intentando hacer eso mismo?
Supongamos que está en el río, en una situación en la que intenta decidir si igualar la apuesta o subir. Existe un cierto porcentaje de jugadores que saben que perderán en esa situación, pero que aún así igualarán la apuesta para forzar a su oponente a que muestre su mano.
Hay situaciones en las que lo perdido al igualar la apuesta valdrá la pena. Si no está seguro de si los contrarios están jugando un farol, y quiere que muestren sus engaños, el dinero perdido vale la pena por lo aprendido acerca de este oponente. Por otro lado, si sabe que no va a ganar y está simplemente forzándolos para que expongan su mano, sentando el precedente de que siempre irá igual de lejos para husmear sus faroles, estará desperdiciando su dinero. Todo cuanto percibirán es que usted es como un cajero automático, dispuesto a entregar el dinero de una subida extra en vez de abandonar ante una mano superior.



